lunes, 24 de agosto de 2009

Yo, la pródiga o la que no se prodiga y viceversa, pero esto va a cambiar.

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Cada día que ha ido pasando sin publicar en el blog, más vergüenza me ha dado por no publicar nada… y así hasta crearse un circulo vicioso.

Se me pasan por la cabeza y el corazón una riada de sensaciones que en vez de facilitarme la escritura lo que hacen es dejarme bloqueada.

Siempre he tenido miedo a las ausencias. He amado y añorado profundamente a “mis ausentes”.

A día de hoy los sigo queriendo como si siguieran conmigo. Por eso me da miedo esta “red” de damnificados del puto cáncer.

Me da miedo quereros y que desaparezcáis.

Me da miedo que me queráis y desaparecer yo.

Así que no desapezca nadie ¿entendido?.

Así me ha pasado con Medeles. Solo le conocía de leerle a hurtadillas en su blog. Porque eso sí, escribir no escribo, pero os “espío” a diario. Hablaba de Medeles y pienso que me he perdido muchas conversaciones con él … y me duele.

Y pienso en todas la conversaciones que me estoy perdiendo con todos vosotros y también me duele. Quiero que este blog reviva y sea lo que debería ser desde hace mucho; un sitio donde parar a descansar y relajarse un poco… o lo que sea.

Mis disculpas públicas a Soledad y a Natalia. No tengo perdón, lo sé.

Comentaros que “lo mío” va bien. De momento tengo a mis genes quieticos. Ahora en septiembre comienzo revisiones.

Una cosa rara que me pasa. Ya no me dan miedo las revisiones. No es que piense que me van a salir bien (que me van a salir bien), es que no me dan miedo. Tengo una especie de extraña calma. Bueno, lo mismo esa extraña calma viene porque me encuentro fenomenal, no lo sé.

A primeros de Julio nos fuimos a Italia. Concretamente Florencia. Visitamos también Pisa, Siena, San Giminiano. De todo lo visto me quedo con todo: callejear a las noches en Florencia, las risas con el caos de los trenes italianos que funciona “molto bene”, la Plaza del Campo de Siena, las italianas… ¡que guapas son las italianas!, las miraba más yo que mi marido. ¡Joder!, me olvidaba de los espaguetis con langosta del último día (ejem, es que era nuestro aniversario).

A la vuelta se me quedó toda mi alegría como ahogada. Angelines, una vecina del pueblo, estaba ingresada. Estaba muy malita. Llevaba dos años luchando a brazo partido con un cáncer de estómago. Murió el 23 de Julio.

Angelines es una persona de esas que dejan huella a poco que la hayas conocido. Una mujer de una serenidad esplendida. Y yo me sentí como en mi época de estudiante cuando nos daban las notas y sacaba un siete y la compañera de al lado un tres y medio. Me sentía, me sentí y me siento avergonzada. Con la alegría como entre dientes y la vergüenza ardiéndome en la cara. Esta vez me ardía en el corazón.

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Este verano ha dado mucho de sí. Por ejemplo: estoy aprendiendo a hacer bolillos. Si señores, estoy a punto de convertirme en una encajera en toda regla. Pero lo más emocionante de este aprendizaje son las largas conversaciones con Maruja, mi maestra. Bueno, en realidad es Maruja la que me cuenta cosas. Yo disfruto escuchándola.

He leído bastante. A saber.

  1. Los tres libros de Milenium… están muy bien para pasar el rato. Como entretenimiento sin buscarle tres pies al gato les doy un aprobado alto.
  2. “El hijo del acordeonista” de Bernardo Atxaga. Una MARAVILLA. La forma en que Atxaga cuenta las cosas es única: tan bella como simple. La historia es perfecta.
  3. “La insoportable levedad del ser” de Milan Kundera. Me gustó aunque me abstengo de comentarios pa’no parecer pedante. Tampoco es para echar cohetes pero se lee a gusto.
  4. “La chica de sus sueños” de Donna Leon. A mí me pareció flojilla pero bebí Venecia a borbotones.
  5. “Mañana no será lo que Dios quiera”, de Luis García Montero. Trata sobre la vida de Angel Gonzalez. Recoge los años de infancia y principio de juventud del poeta. ¡Que decir!... muy bonito.

Y ahora ando con “Cien años de soledad”, mi asignatura pendiente. En su día me negúe a leerla porque la leía todo el mundo. Y ahora, a la vejez, pues eso… ahí ando, perdida en Macondo con los Buendía Iguarán.

Tengo en la mesilla esperándome el tochazo de Duma Key de Stephen King.

Ah, y lo más bonito. Hoy mi marido me trajo en plan sorpresa un regalo. Un libro de Rilke, en realidad una selección de poemas y relatos breves: “Sobre el amor”.

Y mirando la lista de los libros que he leído y los que tengo esperándome, me doy cuenta de que soy una mujer sin criterio literario. Le doy a todo… ¡por dios!.

Bueno, no sé si habré igualado a nuestro amigo Victor, pero creo que va un post bastante largo.

Un beso

Salud

Un beso saludable

Y más salud


Luisa García